Con el nuevo comandante de Policía cae la 'Hermandad del Sol'

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  • Desde la creación de la Senain en 2009 ningún funcionario ha logrado controlarla por completo.
  • El sistema de inteligencia ha dedicado sus esfuerzos a espiar a la sociedad civil en vez de luchar contra el crimen organizado y la corrupción.
  • El Gobierno habló de soberanía, pero recurrió al asesoramiento de terceros países para limpiar la influencia americana en los cuerpos de inteligencia del país.



Imagen: El ministro del Interior, José Serrano, junto con el destituido comandante de la Policía, general Fausto Tamayo.

En 2015 se vivió uno de los capítulos más inusitados de inteligencia y contrainteligencia en el Ecuador. La Policía Nacional fue la institución en disputa entre los servicios de inteligencia norteamericanos y ecuatorianos con asesoramiento de cubanos y venezolanos. Al final, el Gobierno de Rafael Correa ha tomado el control de la inteligencia en la Policía y no dudó en utilizar a dos generales para que hicieran una purga interna y, luego, cuando ya todo estuviera consumado relegarlos y poner a un hombre de total confianza en la comandancia general de la Policía.

Así se enterró a los oficiales que formaron la Unidad de Investigaciones Especiales (UIES) de la Policía que tuvo total independencia y solo respondía ante el comandante general de la Policía y este, a su vez, al presidente. Fue un proceso que arrancó en junio de 2009, cuando el Gobierno de Rafael Correa creó la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain) y buscó tomar el control de los servicios de inteligencia de la fuerza pública. Era una cuestión de soberanía, aseguró el Gobierno, para evitar la injerencia de terceros países. Contradictorio o no, el Régimen tuvo la ayuda de un aparato de inteligencia externo para lograr su cometido: tener el control total de la Policía.



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El 3 de julio de 2015 el ministro del Interior, José Serrano, anunció en su cuenta de Twitter la salida del entonces Comandante General (CG) de la Policía, Fausto Tamayo, por actos de corrupción. “Iniciamos investigación administrativa por actos de corrupción en pases de Policía. Por lo que el comandante general Fausto Tamayo ha presentado su baja", escribió Serrano y advirtió que la terna de selección para el nuevo CG ya se había presentado al presidente “mientras tanto ejercerá el cargo el General Patricio Pazmiño”.

Imagen: El mensaje de Twitter del ministro Serrano.

Serrano dijo que, según investigaciones en los pases de policías, se habrían cobrado entre USD 1 500 y 5 000 y se habrían registrado más de 1 500 pases.

Se trató de un negocio que tenía como piso de corrupción $2’250.000 y que su protagonista era el oficial del más alto nivel de la institución. Sin embargo, el Gobierno nunca se ensañó con Tamayo, de hecho lo protegió y permitió su salida en total silencio.

Una historia diametralmente distinta a la que enfrentó la asambleísta esmeraldeña de PAIS, Esperanza Galván, expuesta por todos los medios posibles y ya sentenciada por haber extorsionado a una empresa constructora a nombre del vicepresidente Jorge Glas y que recibió $800.000.

La salida de Tamayo abrió el camino para que dos generales, hombres duros de la  ex Unidad de Investigaciones Especiales (UIES), Patricio Pazmiño y Juan Carlos Barragán, sean considerados en la terna de selección para nuevo Comandante General.

Los dos contaban con las más altas credenciales de combate al crimen organizado. Su formación les capacitaba dirigir la institución y además fortalecer el sistema de inteligencia policial. Pero eran cercanos al sistema de inteligencia de los Estados Unidos y ese era su pecado.

Barragán se desempeñó como Jefe Nacional Aantinarcóticos, Pazmiño como Jefe de Operaciones; desde esos cargos hicieron importantes incautaciones de droga ¿Con qué información? Con la que les daban sus aliados de los Estados Unidos.



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Nunca fue un secreto que el Gobierno buscó eliminar a todo oficial de mayor o menor rango que hubiese sido parte de la UIES. En 2008, luego del bombardeo y destrucción del campamento de Raúl Reyes en Angostura, el Gobierno constituyó una comisión especial que investigó la supuesta infiltración de agencias internacionales en la inteligencia ecuatoriana. Un año después esa comisión emitió un informe que aseguró que existía “carencia de mecanismos que garanticen la subordinación de los sistemas de inteligencia en el ámbito político”.

Desde entonces el Gobierno trabajó en silencio para librarse de ellos y ahora podía hacerlo con Pazmiño y Barragán. Pero antes debían aprovechar su situación.

En el juego de la inteligencia se sabe que los resultados son posibles si se cuenta con la irrestricta ayuda de un sistema más grande. Es decir, la colaboración con entidades de otras naciones que permitan intercambiar información y operar con eficiencia. Y si antes fue Estados Unidos, hoy lo son cubanos y venezolanos.

Desde hace mucho que el Gobierno de Correa incorporó a su retórica y sus acciones la  asesoría de expertos de inteligencia de esos países. No se trata de supuestos: tácticas cubanas ya se usaron contra los opositores que protestaron en las calles de Quito. El 13 de agosto, cuando fue detenido el prefecto de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe, en la Plaza de Santo Domingo en Quito, un grupo de civiles lo agarró a golpes por la espalda; fue jalado a rastras hasta el cordón policíal, golpeado y detenido.

En las protestas contra la aprobación de las reformas a la Constitución el pasado 3 de diciembre, se  documentó en vídeo cómo civiles atraparon  a un manifestante y golpes arrastrado hasta los policías.

Video: Así operan los infiltrados para apresar y amedrentar a quienes protestan en las calles. El estilo cubano desarrollado en Venezuela y ahora utilizado en Ecuador.

Serrano alargó el proceso de selección de la terna y en un hecho sin precedentes en la historia de la Policía, encargó temporalmente, por 63 días, la comandancia a Patricio Pazmiño.

En ese período el ministro les aseguró a los dos generales que la Comandancia General sería ocupada un año por cada uno. Les dijo, además, que se despreocuparan del general Mejía, tercero de la terna, ya sería relegado.

El acuerdo tuvo una condición: debían realizar una purga de los oficiales que no tenían la confianza de la revolución ciudadana. En otras palabras: pidieron hacer el trabajo sucio del Gobierno.

Imagen: Francisco Latorre, en una visita al presidio con de los hermanos Ostaiza Amay, acusados de narcotráfico. En la foto, Latorrea habla con Edison Ostaiza.

Los dos oficiales estaban convencidos que sus hojas de vida y el acuerdo con Serrano eran suficientes. Contaban además con un plus: supuestamente los Estados Unidos presionaron al régimen para retomar la política de lucha contra el narcotráfico y borrar las marcas de los hermanos Francisco y Mario Latorre. El primero, el hombre que salvó al presidente en el Regimiento Quito el 30 de Septiembre de 2010, el único hombre que caminó junto al mandatario en medio de gases lacrimógenos, mantuvo supuestos vínculos con los hermanos Ostaiza Amay, capturados en el operativo Huracán. El segundo, Mario, asesor directo del presidente, implicado en el Caso Resurgir que capturó una tonelada de cocaína en Esmeraldas, en una propiedad que supuestamente le pertenecía.

Desde sus rangos buscaron eliminar a otros oficiales, tal como les pidió Serrano, pero éste incumplió y fueron separados de la Policía. Sus acciones solo lograron fortalecer al ministro Serrano, que por primera vez, tiene el control de la inteligencia de la Policía, sin las injerencias extranjeras del pasado y a su vez colabora estrechamente con las políticas antinarcóticos de los Estados Unidos.



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A sí se dio fin a la llamada 'Hermandad del Sol', una agrupación de altos oficiales que pertenecieron a la UIES, que décadas atrás se propuso cooptar por siempre la Comandancia General de Policía...







El 8 de septiembre de 2015, el presidente, Rafael Correa, emitió el decreto ejecutivo que nombró Comandante General a Diego Mejía Valencia, un general que se desempeñó como Director General de Inteligencia y que al momento de su selección era Subsecretario de Policía y hombre por demás cercano al ministro José Serrano.

Así le dio fin a la llamada 'Hermandad del Sol', una agrupación de altos oficiales que pertenecieron a la UIES, que décadas atrás se propuso cooptar, por siempre, la Comandancia General de Policía.

Hoy en día Serrano controla el trabajo de inteligencia y las acciones que algún día realizó la UIES, cuenta con aproximadamente 800 hombres, pero su presencia no es el eje vertebrador de todo el sistema y está lejos de ser el funcionario que consolide todo el cuerpo de inteligencia.

En la Secretaria Nacional de Inteligencia (Senain) tampoco se ha logrado consolidar la presencia de un funcionario que controle todo el sistema, en 2009 cuando el Gobierno bosquejó un plan para que toda la inteligencia forme parte de una misma estructura, siempre subordinada al poder civil, el  ministro de seguridad interna y externa de ese entonces, Miguel Carvajal, planteaba la necesidad de contar con una política pública de procesamiento de información que defina roles claros sobre el qué hacer y que estén en pleno conocimiento las autoridades políticas”.

Si el gran paso fue desarticular la antigua inteligencia para crear la Senain , está se articuló con sus anteriores miembros y por tanto con los mismo vicios. La Senain arrancó de la mano de Francisco Jijón, amigo de Carvajal, un civil sin capacidad de manejar los subsistemas de la inteligencia del Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Policía.

Tampoco contaba con la tecnología necesaria para luchar contra el crimen organizado y espiar a los opositores. Hasta entonces el proyecto Libertador, impulsado con apoyo de la embajada americana, era el único sistema que pretendía incorporar escuchas telefónicas, autorizadas desde la fiscalía. Pero fue dado de baja porque las autoridades civiles creían que no tendrían control sobre ese proyecto.

Con toda esa debilidad enfrentaron el 30 de septiembre de 2010. Entonces comprendieron que no podían gobernar sin contar con inteligencia, tomaron decisiones para no volver enfrentar condiciones vulnerables.



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La real reestructuración de los estamentos de inteligencia ecuatorianos llegó con la mano firme del excomandante de la Armada Homero Arellano, hombre por demás cercano al entonces vicepresidente Lenin Moreno.

Arellano ya había intervenido con fuerza e influencia a inicios del Gobierno en 2007. Entonces el presidente Correa le brindó la confianza para que la Armada maneje Petroecuador y Flopec. Lo hizo por cuatro años a través de oficiales de confianza como Fernando Zurita y Luis Jaramillo.

Hombre de estrategias, conocía además muy bien cómo funcionaban los negocios de la elite social cristiana con en el Estado, ya que estuvo al frente Dirección General de Marina Mercante. De hecho su salida de la Armada fue por un enfrentamiento político causado por intereses económicos social cristianos.

Fuentes informativas que conocieron su trabajo en la Senain y conversaron con este portal en total reserva, recuerdan que al tomar posesión de la secretaria, Arellano que se movió mucho entre Colombia y Panamá. Dijeron además que Arellano consolidó el mando con César Navas, su hombre de confianza en el Ministerio de Seguridad  Interna y el Externa y Luis Yépez vicealmirante en servicio pasivo, en la dirección Nacional de Inteligencia

Arellano fue el hombre que aglutinó nuevamente el sistema de inteligencia y lo rearmó, pero no logró homogenizarlo ya que la inteligencia del Ejército aun actuaba de forma independiente. De hecho esa fue una de las conclusiones que emitió la comisión que investigó la infiltración de terceros países en la inteligencia luego del caso Angostura en 2009: una excesiva discrecionalidad de los órganos de inteligencia operativa de las fuerzas respecto al Comando Conjunto.

Arellano se caracterizó por constituir un sistema de espionaje a opositores del régimen y sentó las bases para la compra de equipos de alta tecnología para monitorear a miembros del Gobierno y de oposición.

Tampoco se alejó de la herencia del pasado que fue hacer negocios a través de la inteligencia.





En el ámbito operativo (Vallejo) tiene un perfil más cercano al exgeneral de Policía Edgar Vaca, que ahora es juzgado por asuntos relacionados a los derechos humanos...







El actual secretario de Inteligenvia, Rommy Vallejo, está lejos de ser el referente que estableció Homero Arellano. Vallejo posee el perfil de un hombre más operativo que analítico y estratégico. Cuando fue parte activa de la Policía estuvo lejos de ser un oficial superior y por tanto iniciar el curso de Estado Mayor. Al interior de la organización es sabido que solo aquellos que aprueban tal curso, están capacitados para tomar decisiones. Vallejo fue el oficial asignado por la Policía para brindar seguridad a Rafael Correa en la segunda vuelta de la campaña electoral de 2006. Así se forjó su amistad.

Quiénes saben de inteligencia dicen que su falta de experiencia se evidenció en las acciones que fomentó contra el opositor Fernando Balda, exiliado en Colombia, cuando envió a espiarlo usando agentes con sus nombres verdaderos. Todos fueron descubiertos y para defenderlos del escarnio público que provocaron Vallejo no encontró mejor solución que enviarlos a embajadas.

Imagen: el actual secretario de Inteligencia, Rommy Vallejo.

En una conversación con MilHojas.is, una fuente de alto perfil explica la posición de Rommy Vallejo dentro del aparataje de inteligencia del correísmo.

—No tiene la experiencia de la señora —alcanza a decir la fuente, con seguridad en sus palabras. Cuando la fuente menciona a "la señora", se refeiere a una mujer palestina conocida como  Suat, que manejó los cuerpos de inteligencia entre 1995 y 2007... y no se titubea al proseguir— pero en el ámbito operativo (Vallejo) tiene un perfil más cercano al exgeneral de Policía Edgar Vaca, que ahora es juzgado por asuntos relacionados a los derechos humanos, que gustaba dedicar la inteligencia a espiar opositores más que combatir la delincuencia.

Las palabras de esta alta fuente suenan ciertas a la luz de los hechos. Vallejo no fue escuchado en los momentos clave del régimen y tampoco pudo evitarlos. El primer ejemplo es el bombardeo de Angostura. En la Comisión de Fiscalización de la Asamblea quedó registrado que Juan Carlos Barragán, que en ese entonces ostentaba el rango de coronel, en calidad  de Agregado Policial de Ecuador en Colombia, fue quien informó en diciembre de 2007 al entonces comandante de Policía, Bolívar Cisneros, las 108 coordenadas de posibles campamentos de las FARC  en Ecuador.

Esa información fue conocida por Rommy Vallejo y, por tanto, por el presidente Correa. El hecho real es que Vallejo no tuvo capacidad de persuadir al mandatario para actuar con esa información.

Luego, llegó el 30 de septiembre de 2010, hechos que se dieron porque no había inteligencia de Policía que les explique cómo enfrentar ese acontecimiento. Es más, ese 30 de septiembre de 2010, cuando Correa caminaba rengueante entre el Regimiento Quito y el Hospital de la Policía cubriendose con una máscara antigases lacrimógenos, los directivos y agentes de inteligencia del país estaban en un curso de actualización en Flacso, tal como lo denunció a su debido tiempo el desaparecido Diario Hoy.

Al  frente de la Senain, Vallejo ha sido respaldado y potenciado por el grupo de venezolanos y cubanos: mientras ellos delinean estrategias, análisis e interpretación de inteligencia, Vallejo explota su capacidad operativa que se resume en acoso y persecusión a quienes se muestran reacios a seguir al Régimen.

La historia reciente de la inteligencia del Ecuador estuvo dirigida a dos campos: espiar empresarios, políticos, opositores, activistas sociales, periodistas, académicos y recolectar información de los negocios que impulsaba el Estado en temas estratégicos y de gran escala.

La información es un bien poderoso y el resultado era obvio: hacer inteligencia significa entonces intervenir en los negocios del Estado como seguridad, telecomunicaciones, armas, energía. Por eso era tan importante ese muñequeo por la Comandancia de la Policía entre los servicios nortemericanos y los cubano-venezolanos, como en los viejos tiempos de la Guerra Fría, en vez de deicarlos a, por ejemplo, a combartir el crimen organizado.



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