Hoy es lunes / 17 de diciembre de 2018

    Karla Morales, líder de la sociedad civil tras el terremoto

    Publicado el | QUIEN ES QUIEN

    • Apenas cuatro horas tras el terremoto de Pedernales, de 7,8, el pasado 22 de abril, la joven activista Karla Morales ya organizaba una caravana para llevar alimentos y esperanza a los damnificados, con lo que le ganó horas vitales para los damnificados hasta que la burocracia y la ambición política oficialista actuaran.
    • Toneladas de ayuda han sido entregadas bajo su coordinación a quienes más necesitaban sin responder a una bandera política.
    • Una vez que su labor se hizo visible, todo el troll center oficialista la ha amenzado, vejado y manchado su nombre. Sobre ella pesa la amenaza de que pague impuestos sobre las donaciones...



    “Gente de Guayaquil, mañana saldremos a #Manabí llevando ayuda. Si pueden apoyar con donaciones acá la info:..”, a continuación, bajo el hashtag #PORMANABÍ escrito con letras de color amarillo se comenzaba a dar forma a una bandera tricolor, diseñada con interlineado de letras escritas en negro, como complemento de los colores amarillo, azul y rojo. Ahí, se enumeraban dos sitios de acopio: Samborondón y Ceibos; el otro, no aparecía en la lista, pero era Terranostra, que con el paso de los días, se ha convertido en el punto de partida de la carga hacia Manabí. También se detallaban una serie de productos que se podía donar para entregar a los damnificados; y, de es forma, saciar en el algo las graves secuelas que había dejado en la provincia vecina el terremoto, de 7,8 grados en la escala de Ritcher.

    Ese mensaje colgado en la red social Twitter, desde la cuenta @KarlaMoralesR, a las 23:19 (4h21m después de la tragedia) del pasado sábado 16 de abril del 2016, marcó el inicio de una labor solidaria que se ha transformado en una de las más grandes acciones que la sociedad civil ecuatoriana ha ejecutado, desde la misma noche del fenómeno natural, que sembró muerte y destrucción. Dejó devastado a Pedernales; y destruyó varias zonas, rurales y urbanas de Portoviejo, Manta; así como afectó al Isla de Muisne y otras localidades de Esmeraldas, en la zona norte de Ecuador; y también ocasionó pérdidas en Los Ríos, Guayas.

    La intención Karla Morales Rosales, una menuda mujer de 30 años, era recoger todo en el portal de su vivienda, en la urbanización Terranostra, ubicada en la vía a la Costa. La idea original –cuenta esta abogada, experta en Derechos Humanos–, era convertirse en una especie de centro de acopio. “Me dije: recojo y lo que pueda mando… aprovechando que la empresa en la que trabajo tiene camiones. Incluso con insistencia, durante el resto de la madrugada, pensaba: ‘Voy a enviar lo que pueda juntar…’. Tras la convocatoria por Twitter”, recuerda.

    Al amanecer del domingo eran unas dos, tres, cuatro personas que llegaban a dejar pocas cosas, dice. Pero, a eso de las 10.30 y 11:00 cientos de personas: niños, adultos, ancianos, habían cubierto toda la ciudadela. Conforme la gente fue conociendo la dimensión de la tragedia, su solidaridad creció. Tanto que cerca del mediodía, “la fila llegaba hasta la avenida principal de la vía a la Costa. Era una cosa enorme. Tan enorme, que solo ese día pudimos mandar cerca de 25 camiones y volquetas a San Vicente, Bahía de Caraquez y Canoa”.

    Ese mismo día, Karla trasladó su trabajo de “hormiga obrera” hasta Manabí. La tierra de donde es oriunda su madre, quien al momento de la tragedia se encontraba en el cantón Sucre. “Organicé todo acá y decidí viajar. En ese momento nos encargamos de entregarle todo en las oficinas del Cuerpo de Bomberos; hoy, ya hemos constituido un centro de acopio de nosotros en San Vicente. Desde ahí, operamos con la distribución de todo lo que recibimos”.

    Con su piel tostada por el sol. A veces, lánguida del hambre, dirige a los voluntarios que cada día llegan a Terranostra para cargar, seleccionar, empacar y embarcar los víveres, agua, medicinas, cofres mortuorios, camas, colchones, toldos, carpas, cocinas; y, demás cosas que le envía la ciudadanía. Su iniciativa, dice, surgió con el apoyo de su prima Belén Bonnard Andrade (nieta del arquero Alfredo Bonnard Jara); y su amiga Daniela Holguín. “Fui  una ciudadana que quiso ayudar a la gente que estaba sufriendo… Solo eso. Ningún otro tipo de interés tengo con mi acción. Esto se trata de sumar voluntades. El que critica, y no hace nada, resta, y mucho”, comenta, mientras una y otra vez corta las llamadas que entran a su teléfono, el que no dejar de sonar. Es más, para que nos pueda atender tuvimos que esperar más de hora y media; y, es comprensible, las exigencias de las que precisa su labor le absorben su tiempo en estos días.

    Pero qué experiencia tiene, para que, al menos hasta el momento, su labor sea resaltada por la ciudadanía, por los damnificados. Para que se haya ganado la confianza de extranjeros, de migrantes y de demás personas, Karla cuenta en tono sencillo: “Soy abogada. He trabajado toda la vida en Derechos Humanos. Y la asistencia humanitaria siempre ha sido parte de mí día a día. De hecho, soy la directora ejecutiva de una organización que se llama Kahre.org. Somos un colectivo. No hemos podido convertirnos en una ONG, porque, por obvias razones, es medio complejo ahorita conformar organizaciones no gubernamentales en Ecuador”.

    No es la primera vez que Karla Morales tiene una iniciativa como la de ahora. Y califica de “desafortunado” el que la primera vez que le toca hacer algo de tanta magnitud, sea su país el golpeado. “He trabajado más internacionalmente. Porque Ecuador no era un país que sufriera catástrofes de esta magnitud. Pero hoy me encanta la repercusión que ha tenido esta iniciativa”, comenta. Y, dentro del pesar que ha generado en ella la tragedia que cambió la vida de miles el sábado 16 de abril, sus ojos brillan por la emoción de saber que en este momento cuenta con muchos amigos de otros países que le han prestado su contingente, que le han hecho donaciones, como la Patrulla Aérea Colombiana, que está en el Ecuador con un hospital que tiene capacidad para asistir a 2.500 personas; o Médicos Sin Fronteras, que llegaron de Perú; de gente que viene de Estados Unidos para dar asistencia social a los damnificados. Todos amigos que ha hecho en su corta, pero fructífera trayectoria al servicio del prójimo.

    En los equipos de asistencia que coordina hay profesionales de todas las especialidades. Esta semana llegarán al país amigos abogados, de Puerto Rico, expertos en Derechos Humanos, que comenzarán a dar asistencia a quienes precisan de esos servicios. Además, desde el último sábado, en su cuenta publicó un tuit en el que, a nombre de la organización Kahre.org, solicitan el apoyo de profesionales como Ingenieros Civiles, Ingenieros Agrónomos y Abogados. “El proceso de recuperación es largo y tiene varias fases, si tu profesión es alguna de estas ¡te estamos buscando!”, escribió en el mensaje que tuvo eco inmediato en la sociedad.

    La intención, cuenta Karla, es dar todo tipo de asistencia. Por ejemplo, una de los detalles valiosos de la Patrulla Aérea Colombiana, es que tienen una unidad dentro del grupo que se enfoca en la cuestión de género en situaciones de riesgo. “Tratan el tema desde la especialidad –dice-; o sea, se sabe que las mujeres necesitan una atención diferenciada de los varones, porque usamos el baño de otra manera. Nos embarazamos. Usamos toallas sanitarias. Significa que necesitamos un grado de privacidad en el marco del desastre. Los hombres pueden hacer sus necesidades en cualquier parte. Una mujer necesita de privacidad, incluso para prevenir acciones violentas, porque dentro de las víctimas hay todo tipo de personas…”.

    La situación de los niños víctimas del terremoto también es un tema que conmueve las membranas más íntimas del corazón de Karla. Se han contactado con el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) para conocer las acciones a tomar; y les dieron a conocer que les reporten los casos de niños que estén huérfanos o que sin algún familiar. “Nos dieron las personas de contacto donde podemos reportar. Y creo que es lo correcto. La institución competente y especializada en tema de niñez debe tomar la batuta. Nosotros somos un colectivo, un grupo de voluntarios. Yo estoy capacitada, pero las 500 personas que vienen a diario no. No los conocemos. Solo ponemos el hombro para levantar al Ecuador”, dice.

    La mayor esperanza de Karla es que “Ecuador Resista”, porque se necesitará mucho tiempo levantar las zonas afectadas. “Espero que la solidaridad se mantenga”, dice. Ante la eventualidad de que el porcentaje de donaciones disminuya con el paso de los días, de que, quizás, la gente pierda el entusiasmo, esta voluntaria cuenta que han tenido la precaución de ir reuniendo fondos de personas que han comenzado a hacer sus donaciones desde afuera, incluso. Hemos pedido ahora unos filtros de agua. Porque sé que se reducirán las donaciones, queremos llevar tanqueros; y, que esa agua puede ser consumida con esos filtros.

    Esta labor es una suma de voluntades que a rato ha encontrado tropiezos; y que, sin razón alguna, incluso ha despertado críticas de seguidores del Gobierno Nacional. Al principio eran leves, pero con el paso de los días ha habido cierta agresividad de determinados partidarios, que incluso ya le han dedicado críticas fuertes en redes sociales. Sobre todo, en el momento en que ella puso en evidencia el caso de  109 familias, que fueron halladas en una montaña, en las afuera de San Vicente. En el corto video de 1m29s, mientras su voz se quiebra, cuenta que “…19 niños duermen, uno encima del otro…”. Contrario a la ira despertada en gente seguidora de Alianza PAIS, la ciudadanía civil le dio ánimo; entidades como el Municipio de Guayaquil, con su alcalde Jaime Nebot a la cabeza, dispuso el envío inmediato de 109 kits; y, durante la tarde del viernes y el día sábado, sigue llegando gente a los centros de acopio, que entregan sus donaciones, pero “encarecidamente” piden que sea para los “19 niños de la montaña”.





    "Les dije que mucha gente ya había empezado a enviarlos a mi nombre. Que yo no tenía problema que se coordinara en recibirlos con las autoridades para distribuirlos, pero que no me cobren impuestos. Me dijeron que no. Ahora tengo autoridades de otras instituciones, que me dicen que no me preocupe, que eso no va a pasar. En caso de que así sea estamos dispuestos a hacer vaca, como decimos, para cubrir los gastos de los impuestos..."

    Karla Morales





    También se ha hablado de que Karla, como persona natural, tiene la obligación de pagar impuesto por todas las aportaciones que recibe desde el exterior. “No es que quiero justificar y que luego vayan a decir: ‘Ah, no dice las cosas de frente’. Pero sí quiero decir que, ante la emergencia; ante la cantidad de apoyo; ante la urgencia, todos somos humanos, que tengamos investiduras diferentes, la una es abogada el otro es Presidente. Sé que todos queremos ayudar. Estoy consciente de eso. Todos buscamos la mejor manera y que en el marco de eso, podemos cometer errores. Hemos hecho la solicitud de filtros de agua. Los migrantes nos han estado apoyando enormemente, nos van a hacer llegar los filtros. Como yo hice la convocatoria en Twitter me pareció responsable decir que yo iba a recibir los filtros. Propuse que me los enviaran, que yo los retiraba para hacerlos llegar a los centros de acopio. Senae (Servicio Nacional de Aduana del Ecuador) me dijo que estaban liberados de impuesto. Pero que debían llegar consignados a la Senae y dirigidos a la Secretaría de Riesgos. Les dije que mucha gente ya había empezado a enviarlos a mi nombre. Que yo no tenía problema que se coordinara en recibirlos con las autoridades para distribuirlos, pero que no me cobren impuestos. Me dijeron que no. Ahora tengo autoridades de otras instituciones, que me dicen que  no me preocupe, que eso no va a pasar. En caso de que así sea estamos dispuestos  a hacer vaca, como decimos, para cubrir los gastos de los impuestos…”.

    En torno a la reconstrucción de las zonas afectadas, Kahre.org con Karla Morales a la cabeza, aspiran poder reunir un fondo para, cuando empiecen a levantar viviendas en las zonas devastadas. “Queremos reunir un fondo porque sabemos que llegará el momento en que debemos volver a parar las casas. Entonces  necesitaremos dinero para ese proceso; sobre todo, para pagarle sueldos a la misma gente que quedó afectada, que reconstruya su propia vivienda. Queremos contar con ingenieros civiles capacitados, como personal de apoyo. Ojalá y toda la gente pueda volver a empezar con sus negocios: hoteles, tiendas, restaurantes”, anhela, con la ilusión de una joven emprendedora, que, asegura, quiere ver a su Manabí una vez más de pie, emprendedora, laboriosa, como siempre se ha caracterizado a esa provincia de la Patria, que resultó ser la más afectado con el terremoto que se sintió en todo el país.

    Cuando se le consulta sobre las herramientas que se usarán para dar apoyo a tanta gente que está muy  endeudada, como hoteleros, comerciantes, dueños de negocios, etcétera, quienes, según testimonios, han contado que tenían obligaciones que cumplir con la banca privada y pública, dice que todo ese proceso también es parte de la siguiente etapa. “En Kahre, la organización que tengo, además de dar asistencia humanitaria en materia de educación, vivienda, acceso al agua, saneamiento, lo que también brindamos son servicios legales, donde pagas lo mínimo y tienes un equipo de profesionales, abogados que apoyarán gratuitamente en esa gestión. Porque, por ejemplo, mucha gente no sabe que las casas o edificaciones, levantadas con préstamos hipotecarios, tienen un seguro de desgravamen, en caso de tragedias naturales. Entonces creo que, con una asesoría oportuna y correcta, podemos ayudarlos a renegociar y a resolver todo, antes de volver a empezar; y, estoy segura que las autoridades van a ser lo suficientemente comprensivas con aquellas personas que mantienen deudas con la empresa pública, como lo es el Banco de Fomento, por ejemplo".

    Karla comienza a hablar de la reconstrucción, mientras en su memoria está latente todavía el tétrico recuerdo del panorama desolador que encontró cuando llegó a lo que era el pequeño y colorido pueblo de Canoa. “Es una de las experiencias más dolorosas que he tenido en mi vida”, dice, mientras baja la mirada la piso, como sacando fuerzas de su interior para no llorar. “Trabajé en la desmovilización en Colombia, que fue dolorosa, pero es distinto cuando es tu pueblo. Sé que en Derechos Humanos tenemos que verlos a todos igual, y lo hacemos, pero es tu pueblo, es tu gente; y eso duele más. Y se me partió el alma, aquel domingo 17 de abril, cuando llegué a Canoa, al menos 20 horas después de la tragedia, y que me digan: ‘Ustedes son los primeros que nos traen ayuda’. Y saber que nuestra idea era ir a respaldar el trabajo de las autoridades. Pero escuchar que te digan: ‘Usted es la primera que llega’, y solo les fuimos a repartir agua. Es bastante doloroso. Solo había ido la alcaldesa de San Vicente, pero tampoco tenía autoridades de apoyo. Nadie estaba preparado con el personal para un terremoto porque no te lo esperas, aunque tengas un evento leve…”, lamenta la joven voluntaria.

    Los pueblos pequeños, como Canoa y más de 30 localidades, han sido los sitios de enfoque del grupo que maneja Karla. A Portoviejo, Manta y Pedernales enviaron contenedores, pero no se concentraron ahí porque en esos sitios había más autoridades de planta; y “no queremos entorpecer el trabajo, ni desperdiciar recurso humano. Que las autoridades que están ahí abastezcan. En la medida que tengamos que dar apoyo les vamos a dar. Lo que hemos estado haciendo en estos días es priorizar las zonas donde no habían recibido ayuda. Llegamos a sitios recónditos de la provincia de Manabí. Mandamos camiones, pero sabemos que eso solo alcanza para media tarde. Por eso, tenemos que seguir motivando a la gente. Porque la recuperación no tomará una semana o un mes. Esto será de años”, sostiene optimista.

    Cuando llega el momento de hacerle un llamado a la gente, a través, de estas líneas, Karla prefiere usar la palabra resistencia, no aguante. “Creo que más que un tema de aguante, porque es demasiado carga de problemas, para mí es un tema de resistencia, pero más que eso esto es de esperanza canalizada. Si todos trabajamos de forma ordenada. Si todos somos soporte, salimos… Como las bases de una casa. Creo que es momento de todos ser base. Es lo que nos toca hacer ahora. Lo que le diría a la gente es seamos canasta. No solo para cargarla y llenarla, sino para ponérnosla en la espalda y que otro trepe… Es el momento de abrir la refri, la alacena, el closet y decir: esta blusa no me la pongo tanto, creo que puedo darla… Si la puedo compartir, hacerlo. No necesariamente dar la que ya tiene huecos”, dice motivada.



    En torno al aporte internacional o la solidaridad de países hermanos, es enfática en decir, que es algo en lo que, por el momento, no concentra su atención. “Para mí más importante ha sido que la gente tome agua, a que si Barak Obama (Presidente de Estados Unidos) y Rafael Correa (Presidente del Ecuador) se hablaron por teléfono para solidarizarse. Creo que es más importante fiscalizar las zonas donde la gente necesita ayuda, que fiscalizar las relaciones políticas internacionales”, expresa con una tranquilidad que la caracteriza.

    Si ha sido suficiente, o no, la colaboración de los estados que han llegado al Ecuador, ella no cree que los países hayan ejecutado acciones insuficientes. “Lo que creo es que tenemos que ser conscientes de que la situación requiere una demanda alta. Cualquier cosa va a sonar a poco, pero no es poco, sino que la tragedia es grande. Cuando me dicen no, no traigas, filtros por unidad, tráelos por familia, les dije a las autoridades: ‘Hay gente que murió y quedó incompleta’. Le vamos a llamar familia a los dos que sobreviven, por supuesto. Pero no podemos entregar un filtro porque las familias son de cinco, no. Hay familias de uno, ahorita”.

    Considera que Ecuador, debe ser consciente; y aceptar, desde las autoridades y la sociedad civil, que no podremos solos, que el país necesita ayuda. Para eso, es preciso estar muy unidos, insiste; y si hay que pedir ayuda, hay que hacerlo. Pedir ayuda, para ella, no es indigno. Al contrario, es oportuno, es prudente, es urgente para volvernos a levantar… “Es hora de quitarnos las camisetas. Si soy de Emelec, si soy de Barcelona; si soy de Correa, si soy de Nebot, o de no sé quién. Si hay que vestir a alguien, hay que vestirlo, con la camiseta que sea”.

    Hasta cuándo seguirán, es una pregunta de contesta al instante, con un: “De manera indefinida, permanente… Creo que si nosotros aflojamos, esto se desbarata; mientras miles nos necesitan. No por soberbia de que somos los únicos, sino porque hemos ganado un grado de credibilidad entre la sociedad civil; y hemos logrado unir, frente a un montón de diferencias; y hacer un trabajo de equipo. Porque estamos trabajando en coordinación con las autoridades. En San Vicente, estamos trabajando con la Alcaldía; en Bahía, estamos trabajando con el ministro de Ambiente; en Jama, lo hacemos con el Alcalde. Estamos trabajando en equipo. Sí hay personas de las mismas instituciones públicas que no nos ayudan mucho, pero son errores humanos, no son institucionales. Son cosas que se pueden corregir; y si nos mantenemos en equipo podemos llegar mucho más lejos, que si nos empezamos a dividir…”.

    Cuando llega el momento de preguntarle, qué siente ante ciertos comentarios hasta ofensivos, emitidos con la intención de lesionar la labor que vienen haciendo dice: “La reacción humana normal, es cabreada”, y se sonríe. Los ha tomado de manera pacífica, porque no es momento de peleas; es más, ha respondido, no directamente, sí diplomáticamente. “Que de mi escriban y digan lo que quieran. Si a Jesús lo crucificaron ¿quién soy yo para creerme intocable? Aquí está mi otra mejilla”, tuiteó este sábado, después de conocer las críticas que le habían hecho ayer, tras la publicación el video de los “19 niños de la montaña”. “La reacción prudente y racional, es decir: Bueno, no vamos a pelear. No es momento. Solucionemos. Si esta puerta se cierra, quizás esta ventana se abre. Por ejemplo, si mi amigo del Senae no me puede ayudar; el del Ministerio de Defensa, quizás, que pega la llamada y hace entrar en razón a la gente. Porque producto de la desesperación de organizar y canalizar cometemos errores todos los que estamos en esto”, comenta satisfecha por el apoyo que le han dado las Fuerzas Armadas, los ministerios de Agricultura, de Salud, de Inclusión Económica y Social; la Cancillería, el Servicio Nacional de Aduana del Ecuador; en fin, todas las entidades públicas de las que ha necesitado en determinado momento. “Si uno se equivoca, hay cinco que me asisten”, asegura.





    "Me siento comprometida. Porque que alguien que no te conoce te tenga fe, independientemente de a quién no, me compromete… Por ningún motivo me bajo de esta camioneta, si hay gente que está creyendo en mí. Que, incluso, me está dando su dinero. Diez, veinte dólares. Es dinero que sudaron y trabajaron… No tengo otra opción que ser coherente con ellos..."





    Y ese apoyo, es el que traslada en cada acción a favor de los damnificados del terremoto. “Me siento comprometida. Porque que alguien que no te conoce te tenga fe, independientemente de a quién no, me compromete… Por ningún motivo me bajo de esta camioneta, si hay gente que está creyendo en mí. Que, incluso, me está dando su dinero. Diez, veinte dólares. Es dinero que sudaron y trabajaron… No tengo otra opción que ser coherente con ellos, coherente conmigo misma; y, asumir que esto se desbordó o que se me fue de las manos, de la mejor manera; y que por eso me debe tener aquí de cabeza. Tan de cabeza que yo estoy aquí y mi esposo (Ezequiel Castro Schulz) está en Manabí. Él es bombero voluntario y está coordinando la labor solidaria allá. “Lo hemos nombrado Director de Operaciones in situ”, bromea. Pero él no es el único apoyo de Karla. También están sus hermanos Gloria María, Martha María, Carlos Andrés; está su madre, Martha Rosales Cedeño, quien apoya en el lugar de la tragedia; está su prima Belén Bonnard, que es quien coordina todo en el colegio Naciones Unidas, del sector de Samborondón, con Celia Andrade Meza; está su padre, el periodista Carlos Víctor Morales, gestor de importantes contactos a nivel nacional e internacional; y, ahora también se ha sumado su tío Jorge Andrade Rosales, conocido fisioterapeuta del fútbol ecuatoriano, que está en Manabí asistiendo a personas con golpes y fracturas.

    Está trabajando en familia a favor de los damnificados, pero hay quienes señalan que su labor solidaria, de la joven que además hizo pasantías en la Organización de Estados Americanos (Washington), es solo pura “politiquería”. “Las críticas me las están dando, pero me tienen sin cuidado. De hecho yo escribo para Diario El País y mis artículos siempre han cuestionado las políticas públicas del actual Gobierno… Pero si yo lo veo al Presidente ahora; y tengo que poner el hombro para ayudarlo a solucionar un problema, claro que lo voy a hacer; si lo hace Mauricio Rodas, lo voy a hacer; si lo hace Jaime Nebot, lo voy a hacer. La prioridad hoy y ahora es la víctima. Es el afectado. No con quien me siento al lado. Y si me atacan, bueno, a Jesús lo condenaron y lo crucificaron; ¿Quién es Karla Morales para que no la critiquen?, ¿Quién es Karla Morales para que, cualquier persona, no pueda criticarla, si es su deseo..? Mientras ellos critican, yo soy feliz, muy feliz desde la zona de desastre, saciando la sed y el hambre de nuestros hermanos que hoy están sufriendo. Y abrazando corazones de seres, que otros ni siquiera conocen. Eso me nutre, me llena, me vuelve más humana..."



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