La larga despedida del tren ecuatoriano: 75 años de historia atrapados en una liquidación que no concluye
Fundación Mil Hojas
La liquidación de Ferrocarriles del Ecuador Empresa Pública (FEEP), que debió concluir en 2022, se ha convertido en uno de los procesos administrativos más prolongados y accidentados del Estado: acumula cinco diferimientos oficiales y ya supera los seis años desde que se ordenó su extinción en mayo de 2020. Entre continuos decretos ejecutivos el cierre se ha movido como una estación que nunca llega, mientras el avance alcanza el 83 %, los obstáculos se multiplican: predios con escrituras incompletas, catastros desactualizados y trámites que dependen de notarías, registros de la propiedad y gobiernos locales.
Las principales cifras que grafican la magnitud del desafío son $208 millones en activos que incluyen cuentas que aún deben ser depuradas, más de $143 millones en otros bienes muebles e inmuebles que ya fueron transferidos, sin escritura, a otras dependencias públicas; y $23,6 millones en pasivos. Además, la FEEP en Liquidación mantiene 91 procesos judiciales activos que debe entregar con expedientes completos para garantizar continuidad en la recuperación de cartera.
La liquidación de Ferrocarriles del Ecuador arrastra otro problema: una costosa obra ejecutada para dotar de rieles y accesorios a la red ferroviaria —un contrato de $25 millones con la empresa china CEIT— carece hoy de un inventario oficial que permita saber en qué estado están los materiales recibidos y dónde terminó cada pieza. No existe en los archivos de la empresa un informe de cumplimiento del contrato, ni tampoco un registro sobre cómo se atendieron los serios cuestionamientos que la Contraloría formuló en 2015. En otras palabras, una de las obras que debía fortalecer la infraestructura ferroviaria terminó convertida en un vacío documental que impide reconstruir el destino de materiales críticos y deja sin respuesta las alertas del órgano de control.
Los aplazamientos de la liquidación y las sombras del contrato ferroviario con China
Origen y patrimonio
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En un informe sobre el estado del proceso de liquidación de Ferrocarriles del Ecuador EP en Liquidación, entregado por Israel Peña Granda, liquidador de la empresa, a Mil Hojas, se detalla que, a agosto de 2026, persisten temas pendientes estructurales que explican la cadena de diferimientos.
En cuanto a los activos hay varios niveles dentro de la liquidación de FEEP, pues según el liquidador, no solo hay un grupo de activos simplemente “en espera de entrega”, se trata de bienes que se encuentran en distintas etapas del proceso técnico, jurídico, registral y contable necesario para perfeccionar su transferencia”.
La primera parte es lo ya trasladado en 7 provincias (no explica a qué dependencias), que son todos los bienes muebles e inmuebles sin escritura, transferidos en Esmeraldas, Tungurahua, Cotopaxi, Chimborazo, Imbabura, Cañar y Carchi y que suma $143 millones.
La segunda etapa representa el principal cuello de botella, pues se refiere principalmente a otros bienes inmuebles con escritura, pero que requieren completar trámites para que la transferencia quede legalmente concluida. Estos activos necesitan actualización catastral, corrección de áreas, títulos, levantamientos planimétricos (mapas de los terrenos con límites, caminos y construcciones), certificados de gravámenes, minutas, inscripción, la suscripción de nuevas escrituras y ser dados de baja en la contabilidad. Cada predio avanza con diferente ritmo, dependiendo de la intervención de notarías, registros de la propiedad y gobiernos locales, lo que convierte la transferencia en un proceso fragmentado y altamente dependiente de terceros.
Y también está un total de $208,3 millones en activos (al 31 de julio de 2026), cifra que, de acuerdo con el liquidador, “no debe interpretarse como el monto íntegro de bienes aún pendientes de transferencia, puesto que comprende diferentes cuentas contables y se encontraba sujeto a procesos de depuración, bajas y actualización”.
En cuanto a los pasivos, FEEP en Liquidación reporta al 31 de julio de 2026 obligaciones por $23,6 millones, además de acreencias por $2,27 millones que deben ser conciliadas antes del cierre. El componente más pesado del pasivo es una sentencia ejecutoriada del Pliego de Peticiones 293939-2019-GLOH, que obliga a la empresa a reconocer $20,8 millones, monto que ya fue incorporado contablemente en 2026. Este reconocimiento no solo incrementa la carga financiera de la liquidación, sino que obliga a garantizar que el Ministerio de Infraestructura y Transporte cuente con documentación completa para asumir la obligación sin riesgo de controversias futuras.
A esto se suma el detalle de saldos contables por provincia, indispensable para trasladar los estados financieros al Ministerio de Infraestructura y Transporte. También está la condonación de obligaciones con Gobiernos Autónomos Descentralizados GAD y empresas públicas, aún pendiente en seis cantones.
FEEP mantiene además trámites legales en materias laboral, civil y contencioso-administrativa, todos en proceso de depuración para su transferencia. Entre los casos con obligaciones de pago constan cuatro causas con resoluciones de ejecución en firme por $66,49 millones, tres de ellas laborales y una civil-administrativa, esta última impulsada por la empresa Ciudad Mitad del Mundo, que reclamó $46,8 millones. Según el informe, estas obligaciones fueron atendidas hasta septiembre de 2026. Más allá de estos casos, la empresa registra 39 procesos activos en su contra y 52 procesos a su favor, principalmente relacionados con recuperación de cartera. A esto se agregan procesos coactivos que se siguen en Cuenca, Riobamba, Bucay, Quito, Ibarra y Ambato, e incluyen medidas cautelares, retenciones bancarias, convenios de pago y recuperaciones parciales o totales.
Con corte al 31 de agosto de 2026, el proceso de liquidación tiene un avance del 83,17% y aunque FEEP ha avanzado, aún enfrenta una red de trámites externos que impiden cerrar definitivamente la empresa.
Accesorios con oxidación agresiva y sin cumplir normas y pagos sin respaldo: las alertas que destapó Contraloría
En el Consulado de Ecuador en Beijing, China, el 5 de julio de 2011 el entonces gerente general de Ferrocarriles del Ecuador Empresa Pública FEEP, Jorge Eduardo Carrera, firmó con el gerente general de CEIT, Que Cheng Xin, el Contrato Comercial por Régimen Especial y Giro Específico para la provisión de rieles y accesorios para FEEP.
En su informe DASE-0007-2015 la Contraloría General del Estado reveló que la ejecución del contrato con la empresa estatal China Equipment lnternational Trading CEIT terminó convertida en un punto crítico para Ferrocarriles del Ecuador: los materiales entregados llegaron con daños evidentes, piezas faltantes y una corrosión tan agresiva que comprometía su vida útil desde el primer día.
El hallazgo más grave fue la desaparición de 56.000 tirafondos antes de la recepción oficial, junto con 256 rieles deformados y accesorios ferroviarios que no cumplían las normas técnicas AREMA y ASTM exigidas en el contrato. Las eclisas y agujas —elementos esenciales para la seguridad de la vía— presentaban escoria, oxidación profunda y medidas distintas a las especificadas, lo que impedía que encajaran correctamente en los rieles y debilitaba su capacidad estructural.
Los informes técnicos elaborados por los mismos funcionarios de FEEP fueron contundentes: las eclisas de 60 y 70 libras/yarda tenían una deformación inclinada que podía comprometer los pernos de sujeción, mientras que los cambiavías y las agujas mostraban una oxidación tan avanzada que reducía drásticamente su vida útil.
Ante este escenario, el Administrador del contrato rechazó 150.000 eclisas valoradas en $3,38 millones y dispuso a CEIT retirarlas de los patios de FEEP. Sin embargo, la Contraloría determinó que, pese a estas advertencias, las autoridades de la empresa aprobaron pagos utilizando actas de recepción parcial, sin contar con la entrega completa ni con bienes aceptados formalmente.
La auditoría también cuestionó las prórrogas otorgadas para “subsanar” los daños mediante sandblasting (proceso industrial para limpieza): CEIT pidió 50 días adicionales cuando ya habían pasado 53 días desde el vencimiento del plazo. Aun así, FEEP pagó $8,67 millones por el segundo embarque de los accesorios (provenientes desde China) antes de la recepción definitiva, contraviniendo las cláusulas contractuales que exigían liquidación solo con el acta final. La entidad incluso realizó un pago adicional por 120.000 eclisas que habían llegado con oxidación y problemas de dimensionamiento.
A esto se sumó un manejo deficiente de la garantía de buen uso del anticipo, que dejó los bienes 131 días sin cobertura, exponiendo al Estado a riesgos financieros y técnicos. La Contraloría concluyó que la ejecución del contrato estuvo marcada por controles débiles, decisiones administrativas que ignoraron las cláusulas vigentes y una cadena de irregularidades que permitió el pago de materiales dañados, incompletos o fuera de norma, afectando la seguridad ferroviaria y el uso adecuado de recursos públicos.
Mil Hojas pidió a FEEP un informe o registro de cumplimiento de las observaciones realizadas por la Contraloría a este contrato. Su liquidador respondió que no pueden establecer qué acciones se tomaron en las administraciones anteriores de la empresa: “respecto del informe de cumplimiento de las recomendaciones formuladas por la Contraloría General del Estado, no se ha localizado en el repositorio documental disponible de FEEP en Liquidación un documento consolidado que, bajo dicha denominación, permita establecer integralmente las acciones ejecutadas para el cumplimiento de cada recomendación”.
Ante la imposibilidad de contar con información actualizada para saber qué pasó con las piezas entregadas por China Equipment lnternational Trading CEIT, Mil Hojas hizo un recorrido en 3 tramos del ferrocarril para constatar el estado de segmentos de la red ferroviaria.
Patrimonio ferroviario en el centro del país sin control claro
En vísperas de cumplirse el plazo ampliado para la liquidación de la Empresa Ferrocarriles del Ecuador (FEEP), dispuesto por el presidente Daniel Noboa hasta el 31 de octubre, el panorama del patrimonio ferroviario en la zona centro del país deja más dudas que respuestas sobre el destino de los insumos contemplados en el contrato firmado con China Equipment International Trading Co. Ltd.
La incertidumbre se extiende por las ciudades y tramos que alguna vez formaron parte del sistema ferroviario. En Ambato, Riobamba y Alausí, las autoridades consultadas no han podido reconstruir por completo el recorrido de los materiales ni establecer quién administra actualmente buena parte de la infraestructura.
Pablo Yánez, director de Planificación del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Ambato, explicó que la administración municipal ha realizado análisis técnicos y económicos para determinar qué podría hacerse con la estación de Ingahurco y la vía férrea que atraviesa el cantón.
“La alcaldesa Diana Caiza transmitió al Ministerio de Infraestructura y Tecnología- MIT- la intención de recuperar la estación de Ingahurco y la vía de rieles. En virtud de aquello, se han hecho varios análisis técnicos sobre cómo debería funcionar y que exista una rentabilidad en este desarrollo”, comentó.
La propuesta, según el funcionario, no contempla recuperar la estación de manera aislada. El Municipio ha analizado posibles conexiones con otros sectores y municipios de la zona centro, entre ellos la laguna de Yambo, para determinar si la infraestructura ferroviaria podría recuperar alguna función de movilidad o convertirse en un atractivo turístico. «Desde Ambato se han hecho algunos análisis técnicos y económicos de viabilidad y prefactibilidad. No se ha firmado aún ningún convenio con el Ministerio de Infraestructura y Transporte, pero se han dado varios acercamientos interinstitucionales”.
Yánez señaló que, hasta el momento, no existe una respuesta del Gobierno sobre la posibilidad de que el GAD pueda asumir su administración y mantenimiento de los bienes referentes al patrimonio ferroviario. También, afirmó que los estudios realizados hasta el momento muestran la magnitud del deterioro.

De acuerdo con un análisis visual de la vía, realizado por el GAD de Ambato, aproximadamente el 70% de la misma requiere rehabilitación. Para Yánez, una intervención de esa magnitud representaría un gasto elevado para el Municipio. Además, los rieles no configuran actualmente un punto contemplado en el Plan de Movilidad de la urbe, que se encuentra en diseño.
El deterioro es visible en la estación de Ingahurco, en el norte de Ambato, y en los tramos que la conectan con otros sectores. El inmueble presenta daños tanto por dentro como por fuera. Algunos espacios son ocupados por personas en situación de calle y utilizados como refugio y servicios sanitarios.
En los alrededores, las vías que se extienden desde el sector del Socavón hasta Huachi San Francisco están cubiertas de maleza, basura, ramas y desechos plásticos. En varios tramos, la vegetación es tan densa que apenas permite distinguir los rieles.

Sobre la posibilidad de que los accesorios provistos por la empresa china permanezcan almacenados en alguna de las bodegas ferroviarias de Ambato, Yánez asegura que el Municipio todavía no ha recibido ningún material ni se ha realizado un proceso de traspaso. “No tenemos conocimiento de si existe material embodegado. Todavía no es nuestra competencia. La eventual transferencia permitiría realizar un levantamiento de información para establecer qué bienes e insumos están disponibles y cuál es su estado», expresó.
En los patios y bodegas de Ingahurco, al norte de la ciudad, el personal de seguridad consultado por Mil Hojas no identificó la presencia de rieles, eclisas ni accesorios ferroviarios.
Lejos de trámites administrativos y burocráticos sobre la preservación del ferrocarril, la nostalgia por lo que era la actividad ferroviaria se siente fuera de la estación. Para los comerciantes cercanos al sector, la desaparición del tren forma parte de una transformación que han visto durante décadas.
María Luisa Aguilar lleva 55 años atendiendo un local de comida junto al Terminal Terrestre, al lado de la línea férrea. “Desde que el tren paró en 2020, no sentimos cambios, porque nunca dependimos de él”, contó.
Bárbara Ruiz, que vende pinchos desde hace 22 años, tiene otra percepción del movimiento que generaba la estación. “Ya no está la emoción de verlo llegar, pero los turistas pasaban directo o se quedaban en la estación; casi nunca compraban aquí”.
En el Centro Comercial Ferroviario, la impresión es similar. La afluencia disminuyó, pero el flujo de pasajeros y turistas que llegaba con el tren tampoco se traducía necesariamente en oportunidades reales de venta.
La búsqueda de la huella del contrato con la empresa china nos llevó también a Riobamba. En las bodegas de la Estación Ferroviaria Central, administrada por el GAD local mediante convenio con el MIT, no existe material férreo. Allí se guardan elementos de señalización turística, funciona un museo y operan espacios comerciales dedicados a artesanías y recuerdos.

La ausencia de los materiales en estas instalaciones no permite establecer dónde se encuentra el resto de lo adquirido hace más de una década, quién lo custodia ni en qué condiciones ha permanecido durante estos años.
La Dirección Zonal del Ministerio de Transporte en Riobamba fue consultada en dos ocasiones sobre el contrato y el destino del material. Hasta el 23 de septiembre se nos informó que “todavía no existía una respuesta a la solicitud de información”.

La incertidumbre también se refleja en el estado de la infraestructura que permanece instalada. El tramo que se extiende desde los alrededores del Estadio Olímpico de Riobamba, por la avenida Daniel León Borja, hasta la Estación Ferroviaria Central refleja en su estado físico el desgaste acumulado durante años.
A lo largo de la vía se observan placas de unión de rieles, piezas de acero utilizadas para mantener alineados los tramos, pernos, tuercas y remaches completamente oxidados. Cerca de ellas, las cajas metálicas destinadas al empalme y distribución de los sistemas de señalización permanecen abiertas y sin tapas, cubiertas de tierra, hojas y basura.
Los durmientes son de hormigón prefabricado, un material utilizado por su resistencia y durabilidad. Sin embargo, muchos presentan fisuras, desgaste en los bordes y desplazamientos respecto de su posición original.
Los elementos de fijación que mantienen los rieles sujetos a los durmientes también muestran corrosión y pérdida de firmeza. El resultado es una vía que ha perdido parte de su forma y estabilidad.
Alejandro Chango, arquitecto consultado para esta investigación, explicó que las condiciones de almacenamiento son determinantes. En el caso de los elementos de acero, señaló que pueden conservarse durante largos periodos, siempre que hayan permanecido protegidos de la corrosión. Si presentan oxidación, requieren tratamientos para recuperar sus condiciones antes de volver a ser utilizados.
Las apreciaciones técnicas plantean que el tiempo transcurrido desde la firma del contrato no permite, por sí solo, determinar si los materiales todavía son aprovechables. Sería necesario conocer dónde permanecieron almacenados, durante cuánto tiempo, en qué condiciones y qué tratamientos de conservación recibieron.
De Riobamba nos desplazamos a Alausí. Allí, un tramo de 12,5 kilómetros entre Alausí y Sibambe volvió a funcionar con fines turísticos después de una intervención que buscó recuperar la infraestructura y reactivar la actividad alrededor de la antigua ruta Nariz del Diablo.
El proceso se concretó mediante un convenio específico de delegación de competencias concurrentes y gestión compartida entre el GAD de Alausí y el entonces Ministerio de Transporte y Obras Públicas. El convenio establece una transferencia de $685.000 por parte del ministerio al GAD de Alausí para la operación de la ruta. Los recursos corresponden a una partida presupuestaria emitida el 10 de marzo de 2025.
Carlos Rubio, coordinador del Proyecto Tren Alausí Nariz del Diablo, explicó que cuando comenzó el proyecto, encontraron la vía completamente destruida y tuvieron que reconstruir buena parte de la infraestructura para ponerla nuevamente en funcionamiento.

El proceso incluyó la intervención de coches, reparación de locomotoras, 20 recorridos de prueba y restauración de estaciones patrimoniales, con trabajos de tratamiento de las maderas y conservación de las piedras originales.
Desde su apertura, el 5 de junio de 2024, el proyecto ha recibido más de 70 000 visitantes y en temporadas de mayor afluencia llega a recibir hasta 600 personas por día. Según Rubio, la actividad genera empleo directo e indirecto para más de 300 habitantes.

En Nizag, contó, que la recuperación de la ruta también se vinculó con la actividad de la comunidad. Sus habitantes ofrecen gastronomía y manifestaciones culturales y participan en procesos de contratación pública relacionados con la operación turística.
La recuperación de este tramo muestra que la infraestructura ferroviaria todavía puede adquirir un nuevo uso, aunque la experiencia no es compartida por todos los habitantes de la zona. Para Ángel Zurita, quien ha vivido allí durante 70 años, el tren dejó de ser un servicio útil para la comunidad y se convirtió principalmente en una atracción turística. A su juicio, los beneficios no llegan de manera directa a todos los vecinos. “Cuando dejó de funcionar, lo que se perdió fue más bien la costumbre y la nostalgia”, señaló.
Bryan López, analista de operaciones del GAD de Alausí, reconoce que la información del destino de los materiales adquiridos a la empresa china no reposa en los registros municipales. “No le podría proporcionar esos datos. Recuerde que Ferrocarriles del Ecuador como tal se encuentra en liquidación y nosotros no contamos con esa base de datos tampoco”, comentó.
Quince años después de la firma del contrato con China, el recorrido de aquellos materiales todavía no puede reconstruirse por completo.


