Muisne y Canoa padecen el éxodo decretado por Rafael Correa

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  • Con el decreto 116, firmado por Rafael Correa, los habitantes de Muisne y de Canoa fueron obligados a salir de sus viviendas tras el terremoto del 16 abril de 2016.
  • Los pobres de Muisne y de Canoa serán reubicados lejos de los predios en que se asentaron sus hogares.

El 15 de julio el presidente Rafael Correa abrió el camino para promover procesos forzados de reordenamiento territorial en las zonas devastadas por el terremoto. Ese día emitió el decreto 1116 que dio carta blanca para que los pobladores de la isla de Muisne, en la provincia de Esmeraldas, abandonen las propiedades donde vivían. 

MilHojas.is lo anunció en un amplio reportaje publicado el 1 de mayo de 2016: “No es raro pensar que si buscan tomar el control de los albergues en poco tiempo busquen forzar a las comunidades a un reordenamiento territorial, arrastrarlos a vivir en otros lugares en nombre de una nueva planificación basada en la seguridad futura”.

El decreto suspendió el derecho a la inviolabilidad del domicilio y de libre tránsito de los afectados, para evitar que los ciudadanos pretendan retornar a sus hogares por representar “un riesgo para la vida y la integridad física”.

Imagen: Los habitantes de Muisne tuvieron serios problemas tras el terremoto del 16 de abril.

De esta forma se ordenó la salida de los pobladores. Ellos se negaron, reclamaron personalmente al presidente, pero Rafael Correa los mandó a callar y ordenó que aquellos que se queden no reciban ayuda del Gobierno. “Hasta ahora continúan en las calles los desechos apilados de las estructuras destruidas sin que nadie  los retire”, cuenta Líder Góngora, cabeza de una organización ambiental de la zona y ahora parte del colectivo que defiende la permanencia de la gente en la isla.

Los funcionarios de municipio y de las autoridades gubernamentales, como un ejemplo de obediencia al mandatario, se fueron. Su salida no agravó la situación, Muisne debe ser el sitio más olvidado del Ecuador y le presencia de burócratas no pone ni quita mejoría. Pero el Estado si provocó una grave afectación cuando sacó a tres escuelas de la isla. Todo fue trasladado a un sector llamado El Relleno, que la comunidad reconoce como área de inundaciones. “Se llama El Relleno porque es eso, el suelo no es fijo, se filtra agua de las crecidas”, explica Líder Góngora.

En los albergues continúan cerca de 1500 personas viviendo sin solución a sus necesidades. Ellos, aún en shock por los estragos de abril, están cada vez más lejos de sus antiguos hogares y a una distancia indescifrable de reactivar económicamente su pueblo.

Este 19 de agosto Correa volvió a referirse a la reubicación: “Es un proceso necesario que se concretará en unos meses”. 

Canoa, un espacio de silencio

El mismo decreto 1116 legitimó también el nuevo proyecto de reconstrucción de Canoa, en el norte de Manabí, un plan que se hizo en tiempo récord y que tiene como objeto reurbanizar el poblado sin considerar a la gente que perdió sus viviendas y que se encuentra desplazada en albergues. Se trata de un despojo de los ciudadanos en pos de un supuesto bien común.

Desde el 16 de abril la gente fue impedida de regresar a sus propiedades, hoy sobre esos terrenos se planificaron estructuras urbanísticas como un malecón, edificios para  patios de comidas, áreas verdes, palmeras, estacionamientos y otros atractivos que suele ofrecer el turismo de alta escala.

Imagen: Modelo a escala del proyecto de reconstrucción de Canoa.

Con ayuda de un sistema de información geográfica (sig) se determinó que el poblado consolidado de Canoa se levanta en un área de 36,47 hectáreas y según los nuevos planos, exhibidos públicamente por el municipio, existirán cambios fundamentales en una extensión de 6,4 hectáreas del centro. 

Además se hará una intervención en otras 6 hectáreas en el perímetro del pueblo, más la creación de parques, canchas y estacionamientos en otras 11 hectáreas. Quiere decir que el 63% del poblado será intervenido a favor de un proyecto turístico, pero nadie ha brindado respuesta de la situación de las personas que antes ocupaban esos espacios.

El 13 de julio (cuatro días después de la visita del presidente a la zona), la alcaldesa Rossana Cevallos hizo público el proyecto de un malecón de 2000 metros cuadrados más un complejo de facilidades turísticas en que se concentrarán 60 locales en 2350 metros cuadrados de expropiación. “Ya tenemos la aprobación del presidente dijo” en su anuncio. 

Los planos de la regeneración del pueblo fueron elaborados por Fundación Futura, liderada por el ex alcalde de Quito Roque Sevilla, un empresario turístico y ambientalista que jugó papeles preponderantes en defensa de la naturaleza. Sevilla apareció junto a la alcaldesa Rossana Cevallos y el polémico empresario Greg Guillian, de pocos amigos en la comunidad, y propietario de uno de los hoteles más grandes del sector. “Al gringo Greg nadie lo quiere, famoso por racista, por no permitir el paso a su propiedad, ni a la paya que pasa por ella”, cuenta otro voluntario.

Fundación Futura lidera la regeneración de Canoa, pero está muy lejos de pensar en el futuro de su gente. Este portal intentó comunicarse con María Alicia Mata, responsable de esa fundación en el proceso de reconstrucción. En un mensaje se le dijo claramente que se consideraba un proceso forzado de reordenamiento en detrimento de la población. Al final no respondió el mensaje. 

Imagen: reunión de trabajo de la reconstrucción de Canoa.

Los pobladores que vivían cerca del mar serán reubicados hasta un kilómetro fuera del pueblo. MilHojas.is consultó a cuatro voluntarios que laboran en ese poblado en los procesos de reactivación, aseguran que los habitantes siempre brindan la misma respuesta: el Gobierno o el Municipio no dan paso a las actividades económicas. Además les infunden temor: “Una noche luego de una película que pasamos para los niños muchos adultos se acercaron a preguntarme si vendría un maremoto, que la playa era área de riesgo y que no podrían regresar por su seguridad. Les pregunté de dónde sacaban eso y la respuesta fue Gestión de Riesgos y el Ministerio de Inclusión Económica y Social”, contó una voluntaria que pidió mantener su nombre en reserva porque una declaración pública le impediría volver a trabajar en la zona.

“Nos piden que vayamos al campamento, que el resto es inseguro para nosotros y que es orden del Gobierno en ningún lado se puede reconstruir nada. No nos dejan parar nada”, añadió.

A cuatro meses del terremoto los campamentos albergan a cerca aproximadamente 680 personas.  El mayor de ellos es llamado China Town, formado por sendas carpas azules, donadas por el Gobierno de China. En todos esos espacios existe la misma condición que mengua el espíritu de los damnificados y les lleva a aceptar cualquier tipo de trato que las autoridades les propongan. Son familias enteras, muchas no se conocían y sin afinidad se ven obligadas a permanecer allí compartiendo camas, una junto a otra, sin autonomía, sin independencia, sin actividades.





La ansiedad por la falta de ingreso económico, por la prohibición por parte de las autoridades de volver a sus terrenos, de reconstruir sus casas y negocios...





Es el mayor problema: la ansiedad por la falta de ingreso económico, por la prohibición por parte de las autoridades de volver a sus terrenos, de reconstruir sus casas y negocios. La actividad es poca, cuatro meses después del terremoto, a pesar de los varios lugares que pudieron activarse comercialmente, solo dos restaurantes volvieron al trabajo, las ventas informales eran mínimas y apenas tres hoteles estaban abiertos. 

Los negocios de playa sentados en bohíos fueron anulados, deben esperar órdenes del Municipio, hablan de un gran hotel que está por construirse, pero la distribución realizada en los planos hace pensar más en un nuevo proceso de lotización. 

La poca organización de la sociedad de Canoa, su división y toma de posiciones a favor y contra de quienes toman decisiones y tienen el poder jugará en su contra: los pobres serán reubicados lejos de los predios en que se asentaron sus hogares, sus actividades, siempre ligadas al mar y el turismo no dependerá ya de ellos sino de las asignaciones municipales.

Canoa es un espacio de silencio, en que los perjudicados parecen negar su situación, llenos de miedo no olvidan la fuerza que azotó sus vidas y el mensaje de todos esos servidores públicos que les recuerda lo peligroso que es vivir frente al mar. Mientras los días pasan verán cambiar el rostro de su pueblo y ellos, hasta ahora, no son los protagonistas del nuevo desarrollo.



MilHojas.is