'Ecuador recibió el premio Roosevelt en 2002, es una canallada que ahora no hagan mención de eso': Rodrigo Crespo

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  • En 2002, la ONU le otorgó a Ecuador el premio Roosevelt por su labor en favor de las personas con discapacidades.
  • En diálogo con MilHojas.is, Rodrigo Crespo Toral, cuestiona el 'síndrome de Adán' del Gobierno que anuncia sus políticas como las primeras en la historia en varios campos, entre ellos el de la atención a las personas con discapacidad.

El 14 de enero de 2002, cinco años antes de que Rafael Correa y Lenín Moreno asumieran la Presidencia y Vicepresidencia, Ecuador fue reconocido por sus políticas y acciones en beneficio de las personas con discapacidad. Aquel día, Alan Reich, presidente del Comité Mundial sobre Discapacidades, otorg al país el premio Franklin Delano Roosevelt International Disability Award. El ecuatoriano que recibió ese galardón se llama Rodrigo Crespo Toral, a esa fecha titular del Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis), organismo creado en 1992 gracias a su iniciativa y que estuvo bajo su dirección 11 años, durante varios gobiernos.

Imagen: Rodrigo Crespo Toral, exdirector del Conadis.

Tiempo atrás, el expresidente Jaime Roldós Aguilera (+) propuso su nombre para director general del Instituto Interamericano del Niño (IIN), entidad de la OEA que Crespo condujo ocho años, entre 1980 y 1988. Esa gestión fue ampliamente respaldada por la entonces primera dama y presidenta del Instituto Nacional del Niño y la Familia (INFA), Martha Bucaram de Roldós (+). Así lo recuerda Crespo en diálogo con MilHojas.is

El premio Roosevelt fue creado por el Gobierno de Estados Unidos en 1995 y, desde entonces, lo entrega cada año al país que registre más avances en el marco del Programa Mundial de Naciones Unidas para Personas con Discapacidad, que promueve la igualdad y su inclusión plena en la sociedad. Ecuador fue el primer país de Latinoamérica y el quinto en el mundo que mereció tal reconocimiento.

A Crespo Toral le resulta absurdo y discriminatorio llamarlos minusválidos, o idiotas, como se los solía clasificar. Precisamente por ahí empezó su trabajo. Su primer logro fue el de eliminar esos términos y reemplazarlos por el de personas con discapacidad.



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El destacado médico cuencano, a sus 92 años y con una fortaleza y lucidez envidiables, analiza esta problemática y propone alternativas para resolverla. Las casi tres horas de una apasionada e interesante tertulia resultaron cortas para recordar su gestión y compartir las anécdotas y peripecias que debió sortear para diseñar e implementar una efectiva política estatal de atención a las personas con discapacidades. Entre ellas, la creación del Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis, en 1992) y la aprobación de la Ley de Discapacidades.

Todas estas acciones ubicaron a Ecuador a la vanguardia en la defensa de los derechos de este sector social sensible. Por eso, ahora a Crespo Toral le preocupa que los avances logrados desde hace más de dos décadas se conviertan en letra muerta debido a la politización de las instituciones, a la duplicidad de funciones y a la maraña legal que dificultan el acceso a los servicios y subvenciones estatales y vulneran los derechos consagrados en la Constitución, las leyes nacionales y las normas internacionales.

¿Quién es Rodrigo Crespo Toral y cuál es su aporte al Ecuador, en particular al grupo de personas con discapacidades?

Soy cuencano,  estudié Medicina y luego me traslade a Quito para trabajar en la Asamblea Constituyente de 1946. Mi padre era diputado, desde joven tuve interés en la política, pero nunca intervine activamente porque no es compatible con la práctica de una medicina efectiva. Pero soy en el fondo un hombre político y muy preocupado de la cuestión social. En diciembre voy a cumplir 92 años, imagínense, es un récord.

¿Cuál es la receta para mantenerse tan bien?

La receta es tener la conciencia tranquila y haber cumplido con el deber, saber que uno puede desaparecer y que ha dejado una huella. Toda persona debe tratar de dejar una huella, naturalmente una huella beneficiosa para la sociedad.

¿Cuál es la suya?

Desde 1940 o 1942 viví en Guayaquil  20 años. Ahí estudié Medicina,  fui interno del Hospital León Becerra, ayudante del doctor Cevallos Carrión y luego jefe de sala. Después me especialicé en Pediatría, algo que me apasiona. Por ahí  nace mi interés por el problema de las discapacidades.   Una cosa muy interesante: el presidente Osvaldo Hurtado, cuando yo estaba de director del Instituto Interamericano del Niño,  me concedió la Condecoración al Mérito Educativo,  por considerarme precursor de la educación especial en el país.  

¿Cómo nace su interés por las personas con discapacidad?

Desde los años 40  trabajé en ese campo. En 1954 regresé de Estados Unidos, donde me especialicé. Puse mi consultorio en la clínica Crespo, de mi ilustre hermano Emiliano Crespo Toral. Un grupo de amigos del Club La Unión me contó que  tienen hijos con retardo mental. Era la primera vez que en el país se hablaba de ese problema.   Con ellos creamos Asenir (Asociación de Niños con Retardo), la primera en el Ecuador. Por ese tiempo, a estas personas se las llamaba  retardados mentales y se les clasificaba en idiotas, imbéciles y morones.  Eso se mantuvo hasta el año 50.  

Mi hermano Emiliano se especializó en Boston en Ortopedia, Traumatología  y también  sabía de rehabilitación. Gracias a eso se dedicó a atender a lisiados.  Los dos hermanos Crespo Toral ayudamos a fundar instituciones para atender a personas con discapacidades en el país. Tiempo después me nombraron director del Instituto Interamericano del Niño (IIN), cargo que ejercí durante ocho años.

¿Cuáles gobiernos se preocuparon por este sector?

Cuando dejé de ser director del Instituto Interamericano del Niño, Carmen Calisto de Borja (esposa del expresidente Rodrigo Borja),  me pidió que sea su asesor. Ella había oído sobre la gran obra a favor de las personas con discapacidad de toda América, que logré hacer desde ese organismo. El instituto trabajaba desde Canadá hasta Argentina. Era una especie del INFA para los 34 países de la OEA, en el que también participaba Estados Unidos. Rodrigo Borja también me llamó para pedirme que sea su consultor y Carmencita quería que dirija el INFA. Entonces regresé de Estados Unidos y ayudé en la parte técnica. Con Wellington Sandoval formamos un equipo de primera. En esa época solo había una pequeña comisión que se llamaba de minusválidos. Cuando llegué, lo primerito que pedí fue que se quite ese nombre, porque nadie vale menos que nadie. Hice una campaña por la radio y la televisión. La palabra minusválidos fue desapareciendo de los medios de comunicación y se empezó a hablar de personas con discapacidad. Luego pedí a Carmen Calisto que convoque a una reunión con los ministros del Frente Social. Asistieron Plutarco Naranjo, de Salud; Alfredo Cachito Vera, de Educación; y un representante de Raúl Baca Carbo, entonces ministro de Bienestar Social. Carmen presidió esa sesión en la que les di una explicación del problema de las personas con discapacidad. Eso los conmovió  de una forma tal que me acuerdo que el Cachito Vera se paró con sus muletas y dijo: “Yo soy el primer ecuatoriano con discapacidad”.





"El resultado fue el diseño del Plan Nacional de Discapacidades y la Ley de Discapacidades, expedida en agosto de 1992. Esto fue un hito pues, a pesar de la oposición de ciertos funcionarios, hicimos un trabajo hermoso, interdisciplinario y extendido a todo el país"...





¿Qué decisiones tomaron en esa reunión?

El Directorio del INFA creó en 1989 la Comisión Interinstitucional de Análisis de la Situación de las Discapacidades en el Ecuador (CIASE). Yo la presidí  y  el  resultado fue el diseño del Plan Nacional de Discapacidades y la Ley de Discapacidades, expedida en agosto de 1992. Esto fue un hito pues, a pesar de la oposición de ciertos funcionarios, hicimos un trabajo hermoso, interdisciplinario y extendido a todo el país. Yo trabajé para que ninguna región se quede fuera e invitamos a militares, policías, a la Cruz Roja y a instituciones de todo tipo. También invitamos a personas con discapacidad  y a organizaciones privadas para hacer juntos el trabajo. Durante dos años y medio realizamos reuniones en Quito, en Guayaquil, en Cuenca, en El Oro, en Montecristi. Así logramos hacer oír la opinión de todos.

¿Esa fue la primera Ley de Discapacidades en Ecuador?

La primera ley completa. Antes había la Ley del Minusválido, pero era principalmente para la importación de automóviles.  

¿Entonces el premio Roosevelt fue un reconocimiento a ese trabajo?

Claro, ese premio prueba que el Conadis fue tan reconocido en América y en el mundo entero.  Es una canallada que ahora no se haga mención de esto. Es un premio que Naciones Unidas con la familia Roosevelt da una vez al año a un país que se ha distinguido en el campo de las discapacidades. En 2013 lo recibió España, después de años de trabajo a través del Patronato de la Reina Sofía. Ese país ha hecho un trabajo maravilloso, me consta porque estuve ahí varias veces cuando era director del Instituto Interamericano del Niño.  A propósito de esto escribí una carta que la publicó Diario El Comercio en la que felicité a España y también dije a los señores lectores de ese periódico que el Conadis  ganó ese premio en el año 2002. Lo recibí junto con el ex presidente Gustavo Noboa y su esposa. Por ese trabajo, cuatro presidentes me nombraron presiente del Conadis. Me nombraban y me volvían a nombrar.  

¿Eso quiere decir que cuatro gobiernos, de líneas completamente diferentes, dieron continuidad a la política para las personas con discapacidad y que no todo empezó de cero como afirman Rafael Correa y Lenín Moreno?

Había una continuidad y una obra profunda. Fue tan grande el trabajo que hicimos en el Conadis que ocho o diez países nos pidieron que mandemos comisiones para crear instituciones como esa. Yo fui a Nicaragua y mi director general (Ramiro Cazar)  fue a tres  o cuatro países para asesorar en ese tema. Cuando dejé el cargo, todos los países de América habían creado un Conadis.  Además intervine en la formación de la Comisión para Discapacidades en la ONU. Se necesita ser caras duras para ignorar todo el pasado. Ya lo he dicho en un par de cartas, pero claro un periódico alcanza a 60 mil personas.  Estoy terminando mis memorias, en ellas que dejo claro esto.  

Imagen: Rodrigo Crespo muestra el premio Roosvelt para discapacidades.

¿Qué opina de la misión Manuela Espejo, lo más destacado de la gestión de Lenín Moreno, que explotan ahora para promover su posible candidatura a la Presidencia?

Eso consta en mis memorias. El candidato de Lenín Moreno para dirigir al Conadis inicialmente era yo. Así se lo pidieron los 22 funcionarios con los que yo trabajé ahí durante 11 años. Ahora hay cientos, reflexiona. Ellos pidieron que Lenín consiga que (Rafael) Correa me pida que regrese, porque salí cuatro años antes. El doctor Ramiro Cazar me dijo: “Doctor Crespo, se necesita un hombre de su categoría para levantar al Conadis”. Ante la insistencia de ellos acepté. Al cabo de unos días, en una carta enviada por Lenín Moreno, recomienda que el presidente Correa me nombre presidente de Conadis, porque he hecho una obra magnífica. Pero Correa  le responde que ese puesto es para Moreno. Eso les cuenta el propio Lenín a los 22 empleados. Ante eso pedí que no hagan más gestiones y comenté que, siendo el vicepresidente, estarán en las mejores manos y con más recursos. Yo trabajé con un presupuesto miserable.  

¿De cuánto?

El tercer año hice la labor con $200 mil. Los primeros dos años trabajé sin presupuesto. Luego, en el Gobierno de Sixto Durán Ballén,  Marianita Argudo fue nombrada ministra de Bienestar Social y el presidente me ratifica como presidente del Conadis. A ella le dije que no tengo nada para trabajar y me cede un piso entero que era para su despacho. También me asignaron a las cinco primeras personas con las que trabajé gratis.

¿No tuvo sueldo?

Lo recibí desde el tercer año, algo así como $175, porque los dos primeros no tuvimos presupuesto. Al comienzo trabajamos en una bodeguita que conseguí que nos dé el Ministerio de Finanzas, en la avenida 10 de Agosto. Tuve un director administrativo maravilloso, que se llama Edison Arias. La Marianita Argudo lo puso a mi disposición. Este hombre, con sus propias manos, hizo de esa bodega una oficinita.  

¿Cómo lograron hacer la carnetización con tan poco presupuesto?

Fue un milagro, con $200 mil de presupuesto hicimos todo. Lo máximo que llegamos a tener en los once años que manejé el Conadis fue entre $800 mil y $1,2 millones al año. En el Gobierno de Gustavo Noboa, al regresar de unas vacaciones, me encontré con que me habían subido el sueldo de alrededor de $800 a $3.000. Me fui al Ministerio de Finanzas y dije que, mientras la institución tenga un presupuesto de $1,2 millones, yo no me podía comer $36 mil al año. No acepté ese sueldo. A los once años de presidir el Conadis, antes de salir, pedí un examen de la Contraloría. Al cabo de siete meses de analizar el manejo con cinco empleados concluyeron que es un organismos con las tres E: eficiente, eficaz y económico.  

¿Era complicado sacar el carnet del Conadis, cuando usted lo presidía?

Bueno, para carnetizar a una persona hay que tener  seguridad de que se está haciendo una labor justa y honesta. Nosotros teníamos una comisión muy buena, porque el carnet da bastantes beneficios. La creación de fuentes de empleo, de forma gradual,  fue hecha en mi tiempo.





"EEso de llevar el tema a los ministerios es un error. Precisamente por eso nosotros nos preocupamos e hicimos todo para que en el Conadis haya médicos calificadores, para que no se repita el mal servicio que daban antes los ministerios"...





Ahora, el Consejo tiene un instructivo que incluye llamadas a un call center del Ministerio de Salud para pedir al menos tres veces citas médicas, someterse a la evaluación de un equipo calificador y otros requisitos que dificultan el acceso al mundo de beneficios que ofrece el Gobierno. ¿Qué opina?

Eso de llevar el tema a los ministerios es un error. Precisamente por eso nosotros nos preocupamos e hicimos todo para que en el Conadis haya médicos calificadores, para que no se repita el mal servicio que daban antes los ministerios. Se ha retrocedido bastante.  Ese es el resultado de la politización.

¿Qué opina de la reforma legal, mediante la cual el Ejecutivo sube del 30% al 40% el porcentaje mínimo de discapacidad para acceder a ciertos beneficios. Los entendidos estiman que esto afecta a cerca de 25 mil personas.

Hay normas internacionales dictadas por la OMS. No sé lo que está pasando, es una cosa que nadie entiende. Hay una organización dentro de otra, el Conadis perdió la autonomía que tanto cuidamos, porque es un tema que la sociedad siempre trató del hombro para abajo. Nosotros dábamos cuenta al directorio que estaba formado por cinco ministerios y un representante de cada uno de los 270 organismos y federaciones de personas con diferente tipo de discapacidad. Ahora el Conadis es un maremágnum, hemos retrocedido.

Resulta contradictorio que esto haya pasado, siendo Lenín Moreno y el actual presidente del Conadis, Xavier Torres, parte del grupo de personas con discapacidades. ¿Qué dice usted?

Totalmente. Se llevaron todo a la Vicepresidencia para tenerlo cerquita y desde allí lo han manejado. Eso les ha dado frutos.  

Dejando de lado el tema de Lenín Moreno y la obviedad que él no creó el hilo negro, ¿cómo ve la situación de personas  con discapacidad intelectual y de los considerados enfermos mentales, de los que padecen autismo severo o Síndrome de Down? Es lógico que a cada uno le asignen un porcentaje diferente de discapacidad y, peor aún, que los  sometan a un proceso de recalificación, les bajen de nivel y les dejen fuera de muchos beneficios estatales?

Ese es un tema bastante difícil. Yo creo que se deben guiar por la normas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hay un espacio en el que discapacidad intelectual puede estar mesclada con temas de tipo psiquiátrico. Hay que hacer lo posible para que esas personas puedan entrar en la corriente social. Si bien no se puede abarcar campos que la Psiquiatría trata, pero si esas áreas grises en las que hay enfermedad mental y problemas de discapacidad deberían ser tomadas en cuenta y calificarlas. La OMS tiene bien claro, es un tema que está en permanente evolución. Hay que ser suficientemente amplios para atender estos casos.  

MilHojas.is ha contado el drama de varias personas con discapacidad. Victoria es una joven con autismo severo, su madre tiene cáncer y debe atenderla las 24 horas. Tiene el carnet del Conadis, pero le niegan el bono Joaquín Gallegos Lara de $240 mensuales. ¿Falta sensibilizar a las autoridades y a los funcionarios encargados de calificar?

Desde luego, debería intervenir el Conadis, alguien tiene que protegerlos.  

¿Cómo ve el futuro de las personas con discapacidades en Ecuador?  

Con preocupación. Van a volver a mendigar en cada ministerio, ya no tienen su casa, que era el Conadis, donde tenían todas las facilidades para ser reconocidas y carnetizadas. Desde ahí coordinábamos con los ministerios para su atención.  Me da mucha pena lo que está sucediendo.

¿Que recomienda?

Las autoridades deben que hacer conciencia sobre el problema y darle la importancia que tiene. Deben olvidarse de la política. El  Conadis que yo soñé y ayude a formar era un organismo técnico, apolítico.



MilHojas.is